Trabajar por cuenta propia y no morir en el intento

Cuando empecé a trabajar como traductora autónoma, uno de mis mayores temores era el hecho de no llegar a cobrar por mi trabajo. Por suerte, en el 90 % de los casos, he trabajado con clientes —particulares y agencias— que pagan puntualmente.

A pesar de tener un elevado porcentaje de clientes estupendos, siempre estará ahí ese 10 % recordándome lo desgraciados que somos a veces los freelancers.
Además, no siempre tenemos la suerte de conocer a las personas para la que vamos a trabajar, especialmente si trabajamos a través de Internet. ¿Y si me engaña? ¿Y si desaparece sin dejar rastro? Cuántas dudas…
Seguro que alguna vez te habrá tocado comprobar que, por muchas facturas que emitas y por muchos correos electrónicos que envíes «de recordatorio», si al cliente no le da la gana pagar, no lo hará. Por este motivo he decidido escribir esta entrada, para saber qué hacer en estos casos antes de meternos en procesos monitorios.
Lo primero y más importante: envía tu presupuesto y pide que te lo devuelvan por correo electrónico firmado y escaneado. Este paso es muy importante, ya que te evitará algún que otro quebradero de cabeza en el futuro con clientes que no vengan recomendados.
Una vez finalizado tu trabajo, envía tu factura bien clara. Es muy importante añadir todos los detalles del servicio prestado, tus datos y los del cliente, tu tarifa, impuestos y la fecha de vencimiento de la factura.

Te diría también que, en la medida de lo posible, cobraras una parte de tu trabajo por adelantado. Es cierto que cuando se trabaja con agencias de traducción esto es  imposible, pero también es verdad que si es una agencia seria, el pago te llegará cuando debe (alguna ventaja tenía que tener).
Dicho esto, si se vence el plazo de tu factura y no has visto un euro, es hora de darle a las teclas (¡pero mantén la calma!). Si has hecho bien tu trabajo y tu cliente está satisfecho, puede que únicamente sea un despiste y te pedirá disculpas por el retraso. No hace falta ser desagradable, simplemente se trata de enviar un aviso a su correo electrónico y recordarle que tiene un pago pendiente. Incluso, puedes ofrecerle otras formas de pago, por si acaso. No olvides guardar todos los correos para que quede constancia del intercambio de mensajes y de la relación laboral.
Si ves que el primer recordatorio no funciona, prueba diciéndole a tu gestor o asesor (si lo tienes) que se ponga en contacto con él y que le envíe un correo en un tono más formal, o incluso puedes optar por enviarle una carta certificada y añadir un recargo a tu factura, así se verá obligado a firmar o rechazar el aviso. Si lo rechaza, ya sabes lo que hacer: deja cualquier trabajo que estés haciendo para este cliente e infórmale de que emprenderás acciones legales. Seguro que se dará cuenta cuando ya no estés ahí para ayudarle con sus proyectos. Por suerte, ante esta situación «extrema», muchos clientes abren los ojos y pagan para evitar meterse en más líos.
Si finalmente tu cliente se hace el sueco, puedes optar por buscar respaldo en alguna asociación de traductores, como por ejemplo en Asetrad, donde te ofrecerán asesoramiento jurídico y fiscal. Recuerda que siempre es mejor prevenir que curar.

 

Si quieres dejar algún consejo más, no dudes en escribir un comentario. ¡Será un placer leerte!


Las ilustraciones son cortesía de Lucreativo – Ilustrediario.com. Si eres autónomo te divertirá echarle un vistazo, ¡te lo garantizo!



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