Especializarse tras finalizar la carrera de traducción: ¿sí o no?

Especializarse tras finalizar la carrera de traducción: ¿sí o no?
Por fin has terminado la carrera de Traducción e Interpretación y, de repente, te asalta la duda del siglo: «¿Debo especializarme para poder trabajar como traductor o intérprete?». No te asustes, esta pregunta es más habitual de lo que piensas y espero que esta entrada te sirva para aclarar algunas de tus dudas.

Como ya sabrás, casi todos, independientemente de la época, hemos terminado la carrera un poco perdidos (o poco orientados) y lo primero que nos dicen es que solicitemos prácticas en agencias de traducción o en empresas de servicios lingüísticos para ir adentrándonos en el mundillo y familiarizándonos con el entorno de trabajo.
Es cierto que suele ser una buena opción para conocer el trabajo desde dentro y para relacionarnos con otros profesionales del sector, pero también es cierto que, durante estas prácticas, uno suele traducir «un poco de todo» y esto no nos ayuda a definir nuestras preferencias.
Por eso, a través de esta entrada intentaré explicarte cómo encauzar esta nueva etapa.

Vayamos al grano. Especializarse: ¿sí o no?

Probablemente, si eres traductor, eres una persona curiosa a la que le encanta leer, así que realmente te pasarás la vida aprendiendo un poco de todo. Esto no es negativo en absoluto, puesto que todo aprendizaje te llena la mochila.
Sin embargo, inconscientemente, habrá ciertas ramas que te atraigan más y lo sabrás porque, seguramente, te guste pasar más tiempo leyendo sobre ese tema. Personalmente, opino que cuando hacemos lo que nos gusta, todo sale mejor y la implicación suele ser muy superior.

Entonces, si me gusta la papiroflexia, ¿debo elegirla como especialización?

Bueno, veamos.
Si tu pasión es la papiroflexia, te diría que analizaras un poco el mercado.
Como ya sabes, existen innumerables nichos en nuestra profesión (TODO es susceptible de ser traducido), pero nuestras preferencias no siempre son las más acertadas y puede que estén mal enfocadas.
En este caso, y para que puedas llegar a un mayor número de clientes, te recomendaría que te especializaras en un campo más amplio que abarque otras artes y que no sea tan específico.
De esta manera, habrás multiplicado tus posibilidades, pero podrás seguir disfrutando de lo que te apasiona.

¿Y qué puedo hacer para especializarme?

Marta Simoes
Muchas veces me preguntan cuál es la mejor manera de especializarse, pero para esto no existe una sola respuesta, puesto que dependerá de la situación personal (y laboral) de cada uno.

Conozco grandes profesionales que han adquirido muchísima experiencia gracias a trabajos previos o carreras que cursaron años atrás (ingenierías, arquitectura, turismo…); otros se especializaron a través de cursos o posgrados en academias como AulaSIC, Trágora Formación, Estudio Sampere, Cálamo y Cran o Traduversia. Incluso, ASETRAD ofrece algunos cursos y webinarios que puedes consultar en este enlace.
Lo bueno es que muchos de estos cursos son en línea, lo que te permitirá estudiar y trabajar desde casa sin necesidad de desplazarte para formarte.

Y si lo único que quieres es ir aprendiendo de otros profesionales (o encontrar tu inspiración), te animo a que busques pódcast sobre traducción e interpretación, a que te apuntes a tradusaraos y traducafés, o te suscribas a canales en YouTube afines a tus preferencias e intereses.

¿Y qué ocurre si no tengo ninguna preferencia?

Si este es tu caso, también podemos ver la especialización una manera más práctica y menos vocacional.
Nuevamente, te recomiendo que analices bien el mercado para que veas cuáles son las especialidades más demandadas y populares en ese momento.
Como te podrás imaginar, esto puede ser un arma de doble filo, ya que estos campos de especialización (casi) siempre cuentan con muchos y muy buenos profesionales.
Esto no quiere decir que no puedas abrirte un hueco en estas áreas; si algo bueno tiene ser traductor autónomo, es que podemos trabajar con empresas ubicadas en cualquier rincón del planeta, así que las posibilidades son infinitas.
La otra opción es indagar en aquellos mercados que cuenten con muy pocos profesionales de la traducción y buscar clientes que necesiten esos servicios.

¿Cuántas especialidades debería tener?

Bueno, sobre esto no hay nada escrito, pero yo siempre recomiendo tener (como máximo) 2 o 3 especialidades principales. Y si están relacionadas, mucho mejor.
Cuando ofrecemos nuestros servicios a una agencia, demostrar que estamos especializados en ciertos campos dará una mejor imagen de nosotros y, probablemente, proporcionaremos un servicio de mayor calidad.
De esta manera, no solo habremos logrado que la agencia confíe en nuestro trabajo, sino que, además, seremos más productivos y obtendremos mayores beneficios.

Y tú, ¿qué opinas? ¿Conoces otros recursos que puedan ayudar a futuros traductores e intérpretes a elegir su especialización?
¡Cuéntamelo en los comentarios!

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